Mozo, quiero una Troya!
Publicado por Anonimo - 16/01/12 a las 01:01:28 pmA nuestra generación le hace falta una buena Troya. Un evento enorme, a donde están llamados para participar todos los grandes hombres del siglo, en donde los méritos salen a la luz y los débiles son expuestos, donde el deseo de gloria lo domina todo, donde cada día es vencer o morir, entregándose cada uno a un destino que desconoce, pero que no teme.
Nos gusta discutir posibilidades abstractísimas, encontrar relaciones allí donde probablemente no haya, hablar como si la teoría fuese algo completamente alejado de nuestra vida cotidiana. Vivimos por inercia, incapaces de darle un sentido concreto a lo que tenemos. Leemos y los libros sólo nos sirven para hablar de libros; nunca podremos aprovecharlos para construir nuestra areté. Nos importa más ser inteligentes que ser sabios, y preferimos la comodidad a la gloria. Aquiles, Diomedes o Héctor nos habrían escupido sin dudarlo. ¡Vamos a Troya! No q a una de esas guerras de ahora. Los aviones y los misiles le han quitado toda la gracia - no hay valentía, no hay honor. Yo quiero que peleemos contra nuestros iguales. Y quiero que en medio del más encarnizado combate podamos reconocer en nuestro rival a un hombre digno y valiente: que sepamos que, cuando la guerra termine, nos despediremos como amigos. Yo quiero que vayamos por muchos años, a extrañar a nuestras familias, a maravillarnos con tierras nunca antes vistas, a matar y a morir.
Esto es una prueba. V2
Publicado por Anonimo - 01/01/12 a las 05:01:01 amEsto es un renglón Esto es otro renglón. Y esto es un renglón con espacio.
Gritos en silencio.
Publicado por Anonimo - 01/01/12 a las 05:01:02 amTengo ya varias horas enfrente del monitor y no sé ni como empezar esto, así que simplemente empezaré con lo que se me ocurra. Tú estás en una fiesta, rodeado de gente que te quiere. Yo estoy aquí solo en mi casa, con la misma ropa con la que me levanté a media mañana y con el ruido de la tele haciéndome una compañía hueca. Como un pretexto falso de celebración de fin de año. Y me doy cuenta de que mi vida se ha vuelto costra. Sirvió el propósito de cerrar heridas, pero ahora está seca. Y fea. Estamos en los primeros minutos del 2012 y quiero que las cosas cambien. Y sé que tengo que empezar yo por hacer que así sea. Antes que nada quiero que me tengas un poco más de paciencia. Tengo que aventarme un rollo porque si no lo hago siento que no digo todo lo que tengo que decir. No sé hacer las cosas de otro modo. También te quiero pedir como un favor personal que no apresures mucho tus juicios. Dame una oportunidad de explicarte cómo se vivieron las cosas desde mi perspectiva y ayúdame leyéndome y tratándome de comprender. Después de esto tienes todo el derecho a juzgarme todo lo que quieras. Por supuesto que entiendo que a alguien que ha desaparecido de la manera en que yo lo hice se le puede considerar traidor o algo semejante y tienen toda la razón, pero hay atenuantes. Este escrito lo hice por dos razones: 1) Sacarlo de mi sistema. 2) No dar la misma explicación más de una vez. En fin, déjame empezar dándote unos antecedentes. Y comprendo bien lo lastimero de mi rollo, pero creo que es importante decirlo. La mayor parte de mi vida la he pasado solitario. Desde la infancia. Mi hermana (quien es la más cercana) me lleva más de 4 años y esa diferencia cuando uno es niño es abismal. Hay cientos de anécdotas que mis hermanos cuentan y de las que yo soy solo un espectador, nunca partícipe. Cuando menos un partícipe consciente. No ayudó tampoco que mis hermanos fueran siempre tan carrillas y que en lugar de ayudarme en muchos sentidos me perjudicaron. No los estoy culpando, simplemente estoy analizando la realidad. Siempre fui sujeto a carrillas y excesos. Me dejaron un autoestima muy endeble y susceptible a romperse. Mis papás poco expresivos. Fui siempre un niño solo. Y esto me ha costado muchísimo. Ha sido duro. He comprendido -a la mala- que la carrilla en mi familia es la forma de decir "oye hermano, no sé decir 'te quiero' y por eso te echo carrilla. Por eso me burlo, por eso me río. Pero eso quiere decir que estás presente, y que si supiera otra manera de decírtelo lo haría". En mi adolescencia y juventud la cosa no cambió mucho. Muy pocos amigos, muy pocas salidas, muy pocas fiestas, muy pocas vivencias de alegría. Desde la primaria y con una autoestima dañada también fui sujeto de carrillas y demás cosas que ahora tienen el término "bullying". La única manera de defenderme fue con lo único que aprendí en mi casa: la carrilla. Esto me trajo una manera de pasarla sin daños, pero también me convirtió en un empaque hermético. Nadie supo nunca cuándo una cosa me dolía, pero tampoco cuándo me hacía gozar. Me volvió "raro", apartado. "Carreño al fin" como dijo la Chela. Para mí, como para todos los de mi familia decir "te quiero" fue una tarea siempre difícil. Conocerlos a ustedes, la «familia extendida» ya me tocó muy tarde. Claro que compartimos muchos momentos de algarabía. Pero realmente nunca llegué a conocer a nadie y nadie me llegó a conocer. Y no porque yo no hubiera querido, sino porque ¡no sabía cómo!. El momento en el que más me pude acercar a ustedes y sentir su cercanía fue hace 10 años, en los tiempos de la pastorela. Buenos tiempos que recuerdo como lo más importante de mi vida. Los tiempos de la página de internet (¡cómo pudimos dejar morir eso, por Dios!). En ese tiempo me sentía feliz, completo, con familia. Me sentía parte de ustedes. Y así debía ser. Aunque nunca me pude sentir lo suficientemente norteño como para compartir todos sus gustos tanto musicales como de manera de divertirse. Por esto y por mi hermetismo me costaba trabajo, pero ahí estaba. El tiempo pasaba y poco a poco sentí que ya sin la pastorela, sin la página, sin nada de eso yo dejaba de tener un papel no digamos protagónico, pero cuando menos participativo. A veces las reuniones se convertían en reuniones de mujeres (bueno, aquí las cosas son circunstanciales porque sé que en la familia hay mucha mujer). Tampoco fui el gran pisteador como para hacer ronda con los primos hombres. El caso es que me sentía relegado cada vez más. Fuera de la chorcha no podíamos compartir nada más. Sentí que los esfuerzos que hice por una unión familiar fueron pronto olvidados y pasados a segundo término. Así se sentía. Justo en ese tiempo, a mediados del 2010 yo pasaba también por un momento personal muy difícil. Nadie supo de él. Yo ya había pasado por otros momentos difíciles pero este fue mucho más fuerte, contundente. El caso es que me deprimí. Por todo lo que me pasaba, por toda la soledad. Me deprimí a tal grado que se convirtió en una situación clínica. Me estaba afectando en todos los ámbitos de mi vida. Me estaba afectando hasta en mi salud. De hecho me afectó mucho. Ahí comenzó todo. Me aislé del mundo. No me sentía con fuerzas para aparentar nada. Al menos juntaba fuerzas para que los domingos mi mamá no me lo notara. Todo lo malo que estaba atrayendo a mi vida estaba sucediendo. La estaba pasando muy, muy mal. Y... aquí es donde entramos tú y yo. Y sé que lo que diré a continuación es muy egoísta, egocentrista, individualista, ingrato y todo lo que quieras. Y totalmente tienes razón. Pero eso no cambia las cosas que sentí. Que viví. El caso es que yo esperaba cosas de tí, Cosas que no sucedieron. ¿Sabes qué era lo que yo esperaba? Yo esperaba que notaras mi ausencia, que preguntaras por mí, que me buscaras, que te preocuparas por mí, que me ayudaras a salir del bache. No sucedió. Mi teléfono no sonó y mi puerta no la tocaron ni los testigos de Jehová. A lo mejor sí notaste mi ausencia, pero no me lo hiciste saber. En todo este tiempo recibí 4 mensajes de texto. 2 para invitarme a reuniones (a las cuales no tenía ganas de asistir por lo mismo que estaba experimentando) y otras dos de "oye ¿tienes el teléfono de fulana?". Año y medio de aislamiento después de haber estado tan presente. ¿Por qué? ¿No te despertó un poquito la curiosidad?. Eso me deprimió aún más. Sentí que no te importaba. Si estaba ahí o no estaba realmente no hacía ninguna diferencia. Y claro, tienes todo el derecho a decirme "¿y cuándo fuiste bueno tú para acercarte a mí y preguntarme cómo estoy? ¿y por qué sientes que es mi obligación acercarme a tí y tú no a mi? Si te aislaste fue porque tú quisiste, no porque nadie te corriera", y todo eso. ¿Y sabes qué?... Sí. Tienes razón. ¡Tienes razón! Yo tampoco te busqué. Pero entiéndeme. En este momento yo necesitaba de alguien. ALGUIEN. Y NADIE apareció. Ni siquiera amigos, pues la familia era todo lo que yo tenía. Poco a poco la depresión fue cediendo (gracias a un largo tratamiento psicológico al que me tuve que someter). Y justamente en esas sesiones en las que hablábamos de todo fue que apareciste tú, y lo que en ese entonces reconocí como un sentimiento parecido al rencor. Fue un "te necesité y no estabas" pero no en mala onda, no en venganza. Más bien como una tristeza. Como un reclamo de un hijo abandonado. De nada de esto que pasó dentro de mi cabeza tienes la culpa. Lo sé. Y no tengo yo ningún derecho a reclamarte absolutamente nada. Sin embargo esto no cambia las cosas que sentí y que me carcomieron por mucho tiempo y que ya me quiero librar de ellas. Y ya. Prácticamente es todo lo que necesitaba decirte. Algo tan sencillo se vuelve increíblemente inmenso en una mente atormentada. No necesitas que te perdone porque no hiciste nada malo, pero yo NECESITO decírtelo para sacarlo de mi corazón. TE PERDONO. Te perdono pariente, te perdono hermano, te perdono amigo, te perdono. Y no solo te perdono, también te quiero. Espero que sea pronto cuando nos veamos nuevamente. Tenme paciencia, te lo pido de nuevo. Y gracias por leerme y por tratar de comprender lo que me pasó. Gracias.
Este blog funciona gracias a WordPress con el theme GimpStyle diseñado por Horacio Bella.
Entradas y Comentarios feeds.
XHTML y CSS válidos.
