Dolor

Las mandíbulas cansadas. Los párpados pesados. Miradas empáticas. Por favor apúrese que necesito llegar rápido a casa para encerrarme en mi baño. Mis lágrimas por una nueva cabeza.

Sushi, margaritas y porro

Me sentí libre, como siempre cuando estoy en este estado, la noche terminó temprano, me puse los auriculares, y lo deje sonar, "aleatorio party" me trajo el track 5 de Obsesionario, subí al trole, el último de la noche, totalmente ensimismada en mis pensamientos.

Señorita, aca termina el recorrido, me dijo mirando por el espejo retrovisor.

Definitivamente, se me había pasado mi parada, por lo que camine hacia la puerta tratando de ver donde estaba. Di solo un par de pasos antes de sentir su presencia tras de mi, el chofer se me había acercado tanto que pude sentir su respiración... Lo besé... me agarro ambas manos y las enredo en las argollas pasa mano de los troles, me tiro el pelo alejando mi lengua de su boca y mirándome con rudeza , estábamos como queríamos, metió su mano dentro de mi jean y me comenzó a acariciar con sus dedos tan firmemente que tarde solo unos segundos en largar un profundo suspiro, asi colgada de mis muñecas como estaba me tomo la cintura y arremetió contra mi con un profundo frenesí.

Fuimos gritos transpiración y jadeos.

Historias de las esquinas (24)

Venía yo caminando por mi esquina... ¿Cómo que no es mi esquina, y si no mía de quién?

Y allí lo crucé, era un mono carpintero, tenía la vista perdida, fija en un punto infinito; nos golpeamos los hombros y fue como una explosión. Ese día decidí seguirlo y así comienza esta historia, mi querido lector, lo único que he hecho en los últimos siete años es seguir al mono carpintero.

Usted se preguntará el porqué… ¿Acaso yo le pregunto por qué está leyendo en este momento? entonces no compliquemos las cosas...

Conocí todos los mares, las ciudades y la gente, pero no podía perder tiempo con banales paisajes, ese mono les digo era muy rápido y perderlo de vista un segundo significaba derrochar toda mi persecución; así que con un paso ágil y constante lo tenía cubierto.

Hasta esta noche señor, porque esta noche cambió toda mi vida, porque esta noche fue inigualable, porque esta noche terminó mi largo viaje.

Estábamos en Estambul, en un pequeño barrio de baratas, y el mono paseaba frente a todos los negocios de alfombras voladoras que se le presentaban, yo lo seguía detrás, como siempre en silencio, y lo que jamás hubiera supuesto sucedió, el mono entró en un callejón sin salida, se detuvo frente a una pared de barro que necesitaba con desesperación una mano de pintura. Yo dubitativo también me detuve y lo enfrenté; allí estábamos los dos, mirándonos a los ojos

el sol se escondió por detrás de una cornisa....

silencio......

apenas y en las penumbras veo correr una lagrima en sus ojos y en un tono firme pero amable me dijo:

por qué me odias?

Empezó de nuevo a caminar y paso por mi lado, no tuve el valor de darme vuelta... Estuve media hora explicándole al taxista que quería llegar al aeropuerto, y ahora estoy camino a casa, muy desconcertado, y pensando en el mono carpintero. En realidad le agradezco al destino por haberme cruzado con ese mono, y agradezco haberlo seguido yo primero, usted haga memoria, ¿alguna vez lo vio? ¿se arrepiente? demasiado tarde, nunca le volverá a pasar...

Ya llego hasta aquí y seguro se preguntará cual es la moraleja de esta historia, acaso después de siete años de dormir mal y comer peor usted pretende que escriba una moraleja?

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